miércoles, 3 de enero de 2018

CARTA DE SOLICITUD DE BAJA DE MILITANCIA

A la atención de Daniel Sancha Cañadas,  Secretario General de la Agrupación Socialista de San Pedro (Albacete). 

Estimado compañero Secretario General:

Me afilie al PSOE en 1983 por decisión personal, por coincidir con su ideario, por altruismo y por romanticismo. Pronto cumpliría  treinta y cinco años de militancia, en los que he podido representar a mí partido en muchas instancias, pero de lo que me siento más orgulloso es de haber ejercido como concejal y como alcalde en mí pueblo durante veinticuatro años. Por eso es fácil entender que la decisión que hoy estoy adoptando sea una de las más dolorosas de toda mi vida. Te dirijo esta carta para comunicarte mi decisión de causar baja de militancia en el PSOE con efectos desde su fecha.

Ya en otras ocasiones baraje la decisión de dejar la militancia: cuando la modificación del artículo 135 de la Constitución; cuando la bochornosa actuación del 1 de octubre que supuso la salida del Secretario General Federal; o cuando alguna decisión de las Ejecutivas regional y provincial que me parecieron impropias del socialismo.  Sin embargo no lo hice, esperanzado en que pese a todo, la posibilidad de una regeneración interna y de cambio real  seguía ahí. El reciente despertar de la militancia para reponer a Pedro Sánchez, me devolvió la esperanza en que llegaría definitivamente más democracia interna, que se reencontraba el rumbo. Pero el reciente congreso regional, y la falta de apoyo federal a los defensores de esos profundos cambios necesarios, hicieron que mi esperanza se marchitase de nuevo.

Ahora, repuesto el secretario general federal (aunque quienes hoy se felicitan por su regreso antes nos pusieron palos en la rueda a quienes recogíamos firmas contra su cese), y una vez celebradas las primarias provinciales, nadie ahora me podrá echar en cara que abandono el cuándo está zozobrando, porque las redes están llenas de la euforia de compañeros y compañeras que afirman que el cambio ya está aquí, y se dicen  convencidos de que bajo esta nueva dirección provincial, la nave socialista ya está a flote y garantizado que navegará contra viento y marea. Personalmente no lo creo, y por eso me marcho. No lo hago como boicot para que este proyecto no triunfe, y si alguien cree eso es que no me conoce. 

He apoyado para que las resoluciones del 39 Congreso se  hagan realidad, lo que otros no hicieron en el Congreso regional. He avalado la candidatura que podía impulsar ese cambio, y siempre he intentado sumar,  a pesar de que no compartí en su momento como se decidió esa candidatura a las primarias, que me pareció errónea la planificación de la campaña de las primarias, que pienso que no se ha trabajado adecuadamente con algunas agrupaciones, que aunque todo parezca un cuento de hadas, hay quienes actúan con mentalidad de dueños del cortijo, con soberbia, y abusando de la confianza de mucha gente de bien que está en este partido por convicción y principios. Pero hasta hoy he seguido callado.

La sistemática seguida para la elaboración de la ponencia marco al congreso provincial, ha terminado por colmar el vaso, por no entrar en la oportunidad de algunas prioridades marcadas para el futuro inmediato, que no comparto. A esto se suma mi percepción, de que para la nueva dirección, la renovación es algo relacionado en exclusiva con la edad y no con las actitudes, y que no tiene intención de aprovechar el valor de lo  intergeneracional, pieza fundamental en este partido. Creo que comete un error, pero está legitimada para adoptar cualquier decisión aunque se equivoque. A pocos días del congreso provincial, tengo la sensación de que un aparato está sustituyendo a otro aparato, gentes que antes se apuntó a un caballo ganador y que hoy se han apuntado al nuevo ganador, con un solo interés: quitar a quien antes los quitó a ellos. No quiero ni puedo, permanecer indiferente ante como se sigue actuando.

No puedo seguir callado, porque nunca lo hice.  Muchos me dicen que mejor me habría ido guardando silencio, pero preferí ser yo, y no callar. Quienes me conocen saben cómo soy,  que dejo atrás horas, días y años de duro trabajo. De tiempo en reuniones, proyectos, reparto de papeletas, visitas casa por casa,  presencia en mesas electorales, etc. Siempre lo hice con toda la ilusión, y lamento si hoy decepciono a alguien- No soy incombustible, y con este panorama, no me siento capaz de continuar comulgando con ruedas de molino. Hay demasiado cansancio acumulado para seguir nadando contra corriente, y por eso he decidido recuperar mucho de ese tiempo restado a mi familia. Me marcho convencido, de que aún sin haberlo logrado, mereció la pena la continua pelea en congresos, comités y asambleas, para intentar que el debate y la regeneración cambiaran este partido. Creo que la nueva dirección peca de exceso de confianza, de auto sobrevalorase, y para mí eso es un signo evidente de que se corre el riesgo de que, tras el congreso, podemos tener más de lo que hemos tenido hasta ahora.

Las cosas en política no ocurren por casualidad ni por sorpresa. Decía G. Orwell que “en tiempos de engaño universal, la verdad se convierte en un acto revolucionario”, quizás por eso a muchos siempre les resultó molesta mi revolución, la de decir siempre lo que pensaba, aunque no gustase a quien la oía. He aprendido, que hay que ser constante buscando la utopía, pero también que eso se acaba convirtiendo en una actividad de riesgo para la higiene mental individual y hasta pone en riesgo algunas relaciones personales. Como muchos socialistas, me siento orgulloso de haber combatido el caciquismo de la derecha en el medio rural, y de mantener un compromiso ético y solidario, sin importarme el precio político, incluso personal y familiar, que ello implicaba soportar.

El PSOE se ha permitido un lujo imperdonable: dejar marchar a muchos militantes anónimos, arrojando por la borda su esfuerzo y trabajo, simplemente porque no compartían la visión de las sucesivas direcciones. Esa sangría no se acaba solo con cambios de personas en las ejecutivas, y muchos se fueron cansados de simulacros de cambio y de ver como se hacía el discurso de que todo cambia, para que todo siguiera igual. Para nuestra desgracia, esos años pasados han creado escuela, y por eso las decisiones de mesa camilla aún no han desaparecido. Los grandes enemigos del socialismo son el miedo al cambio interno, y el silencio ante decisiones, a sabiendas de que eran negativas para la militancia y para la ciudadanía. Hay costumbre de callar por el miedo al coste personal que implica intentar cambiar los usos y costumbres. En resumen, hay temor a asumir que se debe terminar por métodos democráticos con un sistema de partido piramidal y caduco, que ha impedido la regeneración.

La peor decisión política es siempre la que no se toma, y en muchos casos ha faltado una decisión autónoma, para no actuar de muleta de otro partido. Ya no vale poner más paños calientes, y más nos vale admitir de una vez, que los principales responsables de lo que le ha ocurrido al PSOE, y de lo que sea su futuro, son las bases socialistas por acción u omisión. No se puede continuar no eligiendo a los mejores para los cargos de responsabilidad, porque se prefiera elegir a los más dóciles con la dirección, amigos personales, o a quienes se manifiestan con mayor ambición. Nada puede cambiar en el PSOE si a la autocrítica se la considera disidencia, porque cambiar implica empezar a hacerlo en la forma de pensar. Ya no hay tiempo de espera, y se ha hecho urgente cambiar todo, especialmente la forma de participar en la  vida política. El PSOE será parte del pasado si su dirección no es capaz de abrir los oídos, y su militancia de abrir la boca.

El tiempo me ha demostrado que quienes ansían el poder, están más capacitados para llegar a él, que para ejercerlo. Hoy eso es más patente aún, porque se mantienen los mismos esquemas de gestión en el partido, y aunque cambien las caras, se asume como normal el todo vale para llegar. No pueden seguir en puestos de responsabilidad quienes piensen, que para perpetuarse en el cargo se puede renunciar a la defensa de  los intereses de los votantes. Ya lo dijo Edward R. Murrow “Una nación de ovejas, engendra un gobierno de lobos”, y hay quien una vez llega al poder, no se siente pastor del rebaño, sino su dueño. Pensar es gratis, y no hacerlo puede salir carísimo. Pero hoy dejo esa tarea para otros, aun a sabiendas que esta puede ser una decisión errónea como algunos me dicen, pero me marcho con la conciencia tranquila del que mientras estuvo, defendió aquello en lo que creía, y eso es lo que hoy me importa.

Quizás es por eso, que este de hoy ya no se parece casi nada al partido en el que ingrese en 1983, y en el que la opinión de las bases era su signo de identidad. Ahora el sentido y significado de “ser militante socialista” se ha diluido como las lágrimas en la lluvia, y creo que en este momento, ejercer la militancia es ya otra cosa, algo a lo que la dirección da mucha menos importancia  que entonces, porque solo se consulta aquellos asuntos, de los que de antemano se conoce la respuesta. Mi forma de entender el socialismo no es esta, aun entendiendo que la situación que atraviesa el PSOE no es fácil, y está agravada porque esta sociedad se ha tornado sumisa y carente de valores altruistas, suplantados por los intereses clientelares. Pero eso no puede ser la justificación para que un partido progresista que se dice de izquierda, sirva de apoyo a la derecha, ni que en lugar de afrontar esa realidad negativa con ideas, se adapte a ella e incluso la propicie con sus políticas.

Sé que dejo dentro  a muchos amigos que comprenden mi decisión, pero que legítimamente han optado por continuar en lugar de llevar al extremo su inconformismo como hago yo. Lo lamento si les defraudo, pero no voy a seguir asumiendo planteamientos que no comparto. Mi partido era el que fundó Pablo Iglesias, el federalista, el de las trabajadoras y trabajadores, el de la libertad, igualdad y fraternidad. En ningún momento de mi vida he dejado mis ideales socialistas, y no voy a hacerlo ahora, porque no es necesario un carnet para sentirse socialista, para sentirse solo un trabajador, y parte del pueblo llano. Ya prefiero no enfadarme por decisiones del partido, sino dedicarme a perseguir otros sueños, que también existen. Pienso seguir en el espacio ideológico en el que he creído siempre.

Tomando esta decisión, me siento triste pero liberado, sin ataduras ni cargas que condicionen mi existencia, decidido a vivir plenamente y opinar con la misma libertad que hasta ahora lo he hecho pero desde fuera, sin la sensación de que opinando diferente estaba arrojando tierra a mis propios ojos. Gracias por su apoyo y cariño, a quienes me acompañaron durante estos años, tanto en los buenos como en los malos momentos, que de ambos hubo. Tengo mi mano tendida a quienes confiaron en mí, a los que estuvieron al lado en todo momento, pero sobre todo a los compañeros y compañeras de mi agrupación de San Pedro, que saben que siguen contando conmigo. Guardo para mí, las cosas que se deben callar, porque en la vida y en la política, siempre las hay.

Y me despido con el deseo de salud para todas y todos, y que nos llegue la república mejor pronto que tarde.  Saludos socialistas.

San Pedro, 3 de enero de 2018 

Antonio González Cabrera

3 comentarios:

  1. Se pierde un gran socialista dentro del partido. Me entristece.

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  2. Decepcionado nunca Antonio, aunque sí triste por conocer que un referente como tú has tenido w tomar por coherencia contigo mismo está decisión. Por supuesto que, personas con tus principios y valores aún sin carnet en el bolsillo, NUNCA DEJARÉIS DE SER SOCIALISTAS, al contrario algunos que siempre presumirán de carnet nunca te llegarán a la suela del zapato. Con todo mi respeto y admiración, saludos socialistas de tu compañero Juanjo

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  3. He seguido tu trayectoria desde muy pequeño y para mí has sido un referente inigualable tanto en tu trabajo como en la política. Siempre te he equiparado a tu paisano Julio Anguita, ambos luchadores por convicción, más que políticos... Humanos y me da mucha pena que el sin sentido de los partidos políticos de hoy en día, acaben frustrando y aniquilando a personas tan válidas como tú. Se ha perdido el rumbo y por desgracia esto no se soluciona a corto plazo.
    Por mi parte y en nombre de mi padre, no hay palabras para agradecerte tantos años de dedicación a esa tierra tuya y mía y el mimo incondicional que has tenido y tienes con su gente. Un saludo Antonio!!!

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