lunes, 25 de diciembre de 2017

MAÑANA DE NAVIDAD

En esta mañana del día de Navidad, en casa. Feliz con la gente que quiero. Feliz con lo que tengo. Feliz con lo que soy. La mayoría de nuestras frustraciones, surgen cuando queremos aparentar lo que no somos. En esta sociedad que nos ha tocado vivir, dominan la apariencia y la estética, y eso nos ha llevado a creer que nuestros modelos a imitar son los triunfadores, los guapos o guapas, los que poseen riquezas materiales. Pero no es más feliz el que más tiene, sino quien menos necesita, como me enseño mi madre.
He tratado de inculcarles a mis hijos que la autoestima personal nunca puede estar supeditada a lo físico o lo material, sino que debemos aceptarnos como somos, porque solo haciéndolo así, podremos alcanzar la felicidad. Si se mira con ojos abiertos y con ganas de ver, entenderemos que nuestro físico y el entorno en que vivimos, ha sido fortuito, que nunca dependió de nosotros. Por eso solo los bobos pueden creerse superiores o inferiores a los demás.
Siempre lo son, pero de manera especial, estas fechas son buenas para practicar el respeto al otro. La historia del murciélago que nos cuenta Eduardo Galeano, me parece muy hermosa porque nos hace pensar en eso y nos enseña.
"Cuando el tiempo era muy niño todavía, no había en el mundo bicho más feo que el murciélago.
El murciélago subió al cielo en busca de Dios. 
No le dijo: “estoy harto de ser horroroso. Dame plumas de colores”. No; sino que le dijo: “Dame plumas, por favor, que me muero de frío”.

A Dios no le había sobrado ninguna pluma.
-Cada ave te dará una pluma -decidió.

Así obtuvo el murciélago la pluma blanca de la paloma y la verde del papagayo, la simpática del colibrí y la rosada del flamenco, la pluma azul del martín pescador, la de arcilla del águila y la de sol que arde en el pecho del tucán.
El murciélago, frondoso de colores y suavidades, paseaba entre la tierra y las nubes. Por donde iba, quedaba alegre el aire y las nubes, y las aves mudas de admiración. Dicen los pueblos que el arcoíris nació del eco de su vuelo. Pero la vanidad le hinchó el pecho. Miraba con desdén a todo el mundo y ofendía. Se reunieron entonces las aves y juntas volaron hacia Dios.
-El murciélago se burla de nosotras –se quejaron-. Y además, sentimos frío por las plumas que nos faltan.
Al día siguiente, cuando el murciélago agitó las alas en pleno vuelo, quedó súbitamente desnudo. Y una lluvia de plumas cayó sobre la tierra.
Él anda buscándolas todavía. Ciego y feo, enemigo de la luz, vive escondido en las cuevas. Sale a perseguir las plumas perdidas cuando ha caído la noche, y vuela muy veloz, sin detenerse nunca, porque le da vergüenza que lo vean".
Los que se jactan, los presumidos, los que se envanecen, quienes alardean, quienes se auto alaban, los que se enorgullecen, y los fanfarrones, deberían aprender de la historia del murciélago. La felicidad es la meta, nuestro cuerpo y lo material no son más que meros instrumentos.

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