viernes, 7 de abril de 2017

ES UN ERROR PENSAR SOLO EN LOS MILITANTES


Una cosa es lo que piensa el militante y otra (casi siempre diferente), es como opina el votante. Alguien dijo, que a veces se puede engañar a una persona, pero que no se puede engañar a todo el mundo eternamente. A eso podríamos añadirle, que aunque es difícil engañar a alguien, no lo es tanto, hacerlo con quien está dispuesto a dejarse engañar. Incluso hasta conocemos a quien se engaña a sí mismo. Pero engañar o que alguien se deje engañar, es más posible cuando por medio existe el sentimiento del amor. Por eso no es extraño encontrar a quien se deja engañar por el amor a unas siglas. Eso explica por qué algunas actitudes de militantes socialistas rayan en el masoquismo, totalmente diferentes a las de quienes solo son votantes, mucho más dispuestos a dar la espalda al partido, si no les convence lo que en él ven.

Para los afiliados, las siglas del partido fundado por Pablo Iglesias son un verdadero icono, y de ese amor por “su” partido, algunos dirigentes abusan en su propio beneficio. Independientemente del tamaño, o de su ámbito (local, provincial o regional), desde las direcciones de las agrupaciones más afines a los dictados que emergen de la Gestora, asistimos a un intento de domesticación de la militancia, aunque es cierto que ya deben percibir la sensación de que hoy la gran mayoría de los afiliados del PSOE escapan a su control.

Si además, por mucho que se niegue, cada vez resulta más extemporáneo para  las democracias del siglo XXI, que aún permanezcan en esas direcciones, personas que sienten verdadero pánico, incluso a solo imaginar, que el actual proceso de primarias, tenga como resultado, que se vean en la obligación de admitir, que sean las bases quienes tomen parte en algunas decisiones. No es porque sean anti asamblearios, que pueden serlo, sino porque se resisten a compartir un poder que hoy ejercen en exclusividad. Creen en la democracia representativa y son contrarios a la participativa.

Si se escuchan sus declaraciones sobre esa posibilidad, veremos que realmente están convencidos de que ellos están por encima. Creen que nunca puede valer lo mismo, el voto de quien, como ellos, lleva años ejerciendo un cargo y es conocido por sus múltiples apariciones en los medios, que el de un militante de base, desconocido y afiliado hace solo unos meses. No admiten el argumento de la necesidad de una mayor democracia interna, aunque puede que incluso lleguen a admitir que es posible concederle a ese militante el derecho a opinar, pero siempre y cuando haya pasado previamente por un proceso de adoctrinamiento para aprender lo que debe decir. Solo aplaudirán a ese militante, si lo que dice coincide con lo que ellos quieren que se diga.

Cuando el voto del militante no se ajusta a sus deseos, los hay dispuestos a romper la baraja y anunciar que se  marchan y que la ingrata militancia se apañe sin su valiosa aportación. Ese planteamiento, que suena a chantaje al militante díscolo, puede darles resultado con aquellos que por amor a las siglas se deja engañar. Pero no han caído en la cuenta, de que ese "o conmigo o sin mí", para el votante no militante, es una invitación a que pierda su fidelidad como elector. Sin duda se equivocan, pensando  que les seguirán votando para que no se vayan, porque con el militante puede funcionar la presión, pero con el votante no. Más bien es todo lo contrario, porque el votante ve en quien así actúa, al problema y no a la solución, y no lo hará, porque ya no está dispuesto a que le sigan tomando por el tonto útil, sobre todo después de haberse sentido traicionados con la abstención para que gobierne el PP.

Esos dirigentes repiten una y otra vez, que al ciudadano no le importan las disputas internas. Pero saben que al militante si, aunque se olvidan que al votante también, porque por mucho que le quieran dibujar las disputas de “debate interno enriquecedor”, ya no cuela, porque ese votante sabe, que en el PSOE, se está viviendo una autentica lucha por el poder orgánico y no solo en Ferraz, sino en todas sus distintas federaciones. De no ser así, no se vería a muchos dirigentes provinciales y locales, (donde las distancias con el elector son más cortas), mostrar descaradamente sus cartas en apoya a la candidata que tiene el favor de la Gestora (que son libres de hacerlo), pero hacerlo sabiendo que la mayoría de encuestas califican a la candidata apoyada como la peor valorada por los votantes, están demostrando que lo que opina el votante se las trae a la luna de Valencia.

Están en un viaje hacia delante, sin saber si tiene un destino o tan solo es una huida, pero lo que sí ha producido ese cierre de filas son extraños compañeros de viaje, que han dejado sus ajustes de cuentas para mejor ocasión. Son aliados sin reparos, no para evitar que gane quien propone cambios, (que también), sino para lograr que después de esta batalla, a nadie se le pase por la cabeza la idea de una nueva guerra que busque cambiar lo más mínimo. No parecen importarles los costes, político y electoral, de esa maniobra.

Si fuese cierto que con ese cierre de filas alrededor de su candidata, se quiere “volver a ganar las elecciones”, en la Gestora se preocuparían por conocer que opina, en caso de que fuese su candidata la que gana las primarias, el electorado del PSOE. No quieren enterarse de que cada vez hay menos gente dispuesta a votar tapándose la nariz, sabiendo que corre el riesgo de que su voto vaya al PP. Y no quieren saber, que cada día hay más votantes socialistas pensando que si eso ocurre se inclinarían por la abstención, y mucho menos que si eso sucede, muchos se plantean incluso cambiar su voto a otro partido. Esa forma de actuar la Gestora puede tener su justificación, porque es tanta su preocupación y el trabajo que deben realizar para conducir el proceso de primarias en la dirección que desean, que les ha hecho a no valorar un detalle no menor: que el electorado del PSOE no tiene nada que ver con el electorado del PP. En el PP se vota al corrupto porque se presenta por tu partido, el socialista no se te vota si tiene dudas, aun siendo mínima.

Y mientras en la Gestora siguen pensando en hacer lo que es más conveniente para la candidata, en las bases socialistas cada vez hay más gente pensando en que es lo más conveniente para el partido y para sus electores. Si Gestora y militancia no tiene objetivos comunes, todo apunta a que esto pueda terminar, no solo con un PSOE fragmentado, sino con un PSOE a la griega sin apoyo en las urnas. Nadie sabe qué sucederá, pero en lo que no existen dudas, es que hasta llegar al congreso, el culebrón promete ser largo.


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