lunes, 4 de mayo de 2015

Elecciones Municipales en la España de charanga y pandereta



Aunque parezca una obviedad decirlo, una cosa son las encuestas de intención de voto y otra lo que muestra el recuento postelectoral. Lo cierto es que esa afirmación fotografía un proceso, democrático sí, pero en el que inciden muchas pequeñas cosas, que dependiendo del tamaño del censo electoral de una población, pueden resultar desde insignificantes hasta la causa de que se incline la balanza claramente hacia un lado. Aunque las pequeñas poblaciones son más sensibles a este tipo de prácticas, tampoco las de gran población resultan ajenas a esas circunstancias.

Estamos acostumbrados a que al acercarse una campaña electoral, empiecen a escucharse quejas entre todos los partidos, respecto a las formas de actuar de los demás para conseguir el voto. Ningún partido escapa a estas prácticas y denuncias si se revisa la hemeroteca, donde encontramos titulares sobre manipulación electoral. Pero entre todas las formaciones políticas, en esto también se lleva la palma el Partido Popular. No afirmo que sea una práctica generalizada de todos sus candidatos, pero sí que curiosamente esas denuncias están vinculadas a algunos dirigentes concretos,  que en varias citas electorales se les han atribuido “actuaciones llamativas” para favorecer al PP.

Que esto es así, se conoce desde las primeras elecciones democráticas, y son varias las modalidades utilizadas para arrimar el ascua a la sardina. Quizás la más llamativa es la de los ancianos, en la que casi siempre sigue una misma sistemática. Actúan a la hora de comer, que al parecer debe ser el momento oportuno para el ejercicio del derecho al voto por los mayores, discapacitados (muchos en sillas de ruedas), que trasladados unos en furgonetas, otros en minibuses y otros en vehículos particulares, son acercados a las urnas. Hasta ahí todo normal, lo llamativo es cuando van guiados por chicos jóvenes con camisetas del PP, y sin ningún interés por disimular su pertenencia a este partido. En Toledo en concreto esto fue denunciado, pero a la hora de la verdad, los afectados se echaron atrás por temor a que denunciaban a quienes les cuidaban.

En las denuncias, esta práctica casi siempre aparece vinculada a residencias de ancianos a cargo de la iglesia, o subvencionadas por esta, y ya se sabe que poderoso caballero es don dinero. Pero pese a ser denunciados estos hechos, no han tenido ninguna consecuencia penal, puesto que en España esto no es delito, solo es falta leve. Sancionadas o no por la ley, no es ningún secreto que algunas instituciones geriátricas se hayan visto reflejadas en los medios de comunicación, por el desmedido interés de algunos de sus gestores por fomentar la participación entre los internados, sin que estos sepan muy bien lo que está pasando, ni de su opción electoral por el PP. 

Y no solo se manipula a los ancianos de residencia, también está la práctica de la modificación fraudulenta del censo en municipios pequeños, sobre todo en comunidades con población rural envejecida como la nuestra. Desde empadronamientos en casas de familiares donde los mayores no residen, a figurar inscritos en domicilios que son solares o naves donde no vive nadie. En los pueblos no es raro encontrar gente que practique el “hoy me empadrono aquí, voto y me vuelvo a empadronar donde realmente vivo”, y así ha venido ocurriendo desde siempre.

Detrás de estos crecimientos censales pre electorales, suelen estar alcaldes que llevan acarreando votos desde las primeras elecciones y que gracias a este método algunos aún se mantienen ejerciendo el cargo. Esto es más propio de los pequeños núcleos donde unos pocos empadronamientos pueden resultar decisivos, y donde además la campaña sigue siendo puerta a puerta, y nadie puede acreditar que el halago o la amenaza, la verdad a medias o la mentira, o el agradecimiento por haber empadronado al abuelo, no estén presentes en estas visitas a domicilio del candidato.

También hay otra práctica frecuente en estas fechas consistente en que los candidatos (sobre todo a los que han sido alcaldes y durante la campaña ejercen en funciones) se convierten en verdaderas agencias móviles de colocación por quince días. Hay que reconocerles como se lo trabajan, son verdaderas hormiguitas acrecentando su respaldo electoral voto a voto y sin dejar escapar la más mínima opción. Aquí los políticos locales, sí que demuestran lo eficaces que pueden llegar a ser, lo diligentes, lo amables y hasta afectivos. Son una verdadera maquinaria electoral en funcionamiento, que cuando se pone en marcha ya no hay quien la pare.

Además existe otro nicho de voto local que también merece ser mencionado, es el que representan los emigrantes, aquellos que marcharon hace años por falta de trabajo al extranjero, y por los que muchos políticos locales muestran estos meses un interés que no tuvieron en sus cuatro años de mandato. Paradójicamente, su voto es el de alguien que sin relación con la localidad durante décadas ahora tiene la capacidad de votar y poner o quitar alcalde en su población de origen, frente al nulo valor que tiene la opinión de quienes residen habitualmente y conocen cómo funciona la política local, pero no pueden ejercer el voto, como es el caso de los inmigrantes cuyo Estado de origen no mantiene convenio electoral con España.

Puestos a revisar la Ley Electoral, no solo habría que mejorar la representatividad final en el reparto de escaños o concejales de la Ley D´Hont, sino también otros muchos aspectos, como impedir que una persona que no está en posesión de todas sus facultades figure inscrita en el censo electoral, o que el voto de los emigrantes también se ejerza en las elecciones locales puesto que no residen habitualmente, o que se impida el uso de empresas públicas o municipales como agencia de colocación prelectoral.

Pese a que la denuncia de prácticas irregulares está presente en cualquier proceso electoral, nadie parece interesado en proteger a los ancianos y gente fácilmente manipulable, ni mucho menos en perseguir a los políticos beneficiados, y a los profesionales que aprovechan el puesto que ocupan para apoyar su opción política personal. Parece que nos hemos olvidado que en nuestra joven democracia llegaron a "votar muertos", y nadie ha dado importancia a los vacíos legales existentes, para intentar perfeccionar el sistema.

En cada técnica hay maestros, y aunque todo se haga como su dios manda, no se debería subestimar esta trasnochada maquinaria electoral, porque hay lugares donde aún les funciona. En cualquier país de nuestro entorno, esta podría ser motivo de un escándalo de portada, pero no en el nuestro, donde lo calificamos de anécdota. Mejoremos la Ley Electoral de una vez, porque aparte de tener  que escuchar el “no nos representan”, a la clase política debería preocuparle que estas prácticas corruptas, conviertan el voto en un pago por los favores recibidos, porque ya sabemos que siempre habrá quien por tocar poder sea capaz de cualquier práctica. 


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