viernes, 4 de abril de 2014

Las “buenas” cifras que no son tan buenas


Todos debemos alegrarnos de que 16.620  personas hayan encontrado empleo en nuestro país el pasado mes, pero eso no puede llevarnos a pensar que el mercado laboral sigue una senda de crecimiento sostenible. Por mucho empeño que ponga el gobierno en convencernos de que es así, este no es el camino de la recuperar lo perdido por la crisis, sino el de la  precarización laboral y con el riesgo añadido para que así ocurra, que  supone la avaricia empresarial por el beneficio rápido. Comparando las condiciones de empleo y salarios actuales con los de hace tres años, la precariedad ya se palpa.


Habría que comenzar explicando que estas cifras son un contador de las personas que están apuntadas el último día del mes anterior al que se publican los datos, y que este sistema de contar parados no funciona en ningún otro país, de ahí que las cifras homologadas a nivel estadístico europeo y mundial, son las de la EPA, que desafortunadamente dan un millón más de parados. Analizando las calificadas como “buenas cifras” de marzo, vemos que estas han mejorado en servicios, construcción e industria, mientras empeoran en agricultura y entre quienes buscan su primer empleo.
Empresarios y gobierno niegan que el empleo creado sea precario, temporal, y de bajos salarios, pero pese a esa negación las cifras son tozudas, y en este escenario el consumo no se reactivará, y sin el consumo de esos trabajadores, las empresas que hoy emplean, volverán a despedir a no mucho tardar.
Hay dudas que deberían aclararse por el gobierno para evitar la sospecha de que estas cifras hayan podido ser manipuladas,  como ¿Quién ha contabilizado el número de parados que han tenido que emigrar de España, o el de personas que abandonado  las oficinas del INEM, por considerar que a través de esta vía es imposible encontrar empleo? ¿Alguien ha contabilizado los que solo son empleados de fin de semana en el sector servicios? ¿Quién contabiliza los que son bajas de las listas por acceder a prejubilaciones o por haber iniciado un curso de formación dándoles de baja en las listas de desempleados? ¿Quién y cómo se contabiliza el número de contratos en prácticas, en relación con los que había anteriormente? ¿Quién nos explica las diferencias entre las  afiliaciones a la SS son 84.000 y los desempleados si solo disminuyen en 16.000? ¿No será que de esos 84.000 muchos son autónomos forzosos para poder seguir comiendo de la misma empresa que ayer les empleaba?
Desde el PP y el gobierno se dice que las cifras son buenas gracias a su reforma laboral, pero si las anteriores cuestiones no se responden y clarifican, muchos pensaran sino será que después de varios años de austeridad y despidos, lo normal es que se empiece a crear empleo, con y sin su reforma. En cualquier caso, demasiadas dudas sobre las bondades del dato.
Lo cierto es que estos “buenos” datos no se corresponde con la realidad de la calle, y un paseo por cualquier ciudad de este país nos muestra como siguen cerrándose negocios, o como en las tiendas y comercios no repunta el consumo. Pero si además se revisan los datos publicados por los medios de comunicación (incluidos los afines al gobierno), las cifras de bajada del paro chocan con el hecho de que los expedientes de regulación de empleo, ERE´s, en el primer trimestre de 2014 han llegado a veinticinco mil, lo que como mínimo pone estas cifras en cuarentena.
Pero aun dando por ciertas las cifras, lo más preocupante es eso que el gobierno no dice claramente a los ciudadanos, que para dar empleo a esta masa de desempleados que existe, al ritmo que crece nuestra economía, se tardaran dos décadas. ¿Ha pensado el gobierno qué al ritmo  actual, la situación de las familias empeorará día a día por el agotamiento de las ayudas, por los recortes en los servicios públicos, por los copagos, y los impuestos indirectos? Al menos no da muestras de hacerlo.
En el escenario inmediato, no solo se tendrá que crear empleo, sino que se tendrán que poner en marcha actuaciones de carácter social (esas que se han recortado), o para rescatar a familias endeudadas, o dirigidas a abaratar en la banca los créditos para el consumo, y esperemos que no sean necesarias campañas de lucha contra el hambre infantil como las que ya se realizan en algunas Comunidades.
Hasta la troika se ha tenido que desdecir de su teoría de que la solución a la crisis pasaba por recortes y austeridad, pero el gobierno español se niega a admitirlo. Mientras el gobierno da prioridad a rescatar bancos y ahora a las autopistas o a facilitar el crédito a las grandes empresas, se olvidá de priorizar el cese de las políticas de austeridad. La recuperación económica y social solo llegará con un empleo de calidad y unos  salarios dignos, lo que es incompatible con lo que actualmente está propiciando la reforma laboral del PP, que son unas condiciones laborales de explotación legalizada.
Esta afirmación de explotación laboral no es exagerada, porque tenemos una gran demanda frente a una pequeña oferta de empleo, lo que lleva al trabajador a aceptar cualquier trabajo si con ello garantiza que sus hijos no pasan hambre, y si no aceptas el trabajo, otro que también tiene hijos en necesidad, lo aceptará por ti. Eso es lo más parecido a legalizar la explotación.
Como ya parece ser “lo habitual”, este gobierno no escucha las voces de la calle, y solo oye lo que le transmiten sus asesores. La mejoría que dicen se ha producido es real solo para la clase gobernante y las elites económicas que viven en sus aledaños, pero no para el resto de españoles.
Las, según el PP, buenas cifras que hemos conocido, si se analizan mínimamente no parecen tan buenas, y eso lleva a pensar que también forman parte de un nuevo “España va bien”, una estrategia premeditada para seguir dibujando su particular país de las maravillas ante la proximidad de las elecciones. Un informe de Caritas, que refleja que la mayoría de los españoles no estamos mejor sino peor que hace un año, ha provocado una reacción furibunda del ministro Montoro, lo que vendría a confirmar la sospecha de que solo es maquillaje para ocultar el rostro enfermo y deteriorado de nuestra economía.

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